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Día 14: Misterio Pascual PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Apostolado para la Consagración de la Familia   
Domingo 07 de Marzo de 2010 10:19

El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo.

Ven Espíritu Santo, ayúdanos a descubrir el plan misericordioso de Dios para nuestras vidas al ser misericordiosos con aquellos que pones en nuestro camino. Ayúdanos a confiar en el Corazón Misericordioso de Jesús, a través del Inmaculado Corazón de María, Reina y Madre de Misericordia, en unión con San José, un instrumento de misericordia

RICO EN MISERICORDIA de Juan Pablo II

El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo. Cristo que sufre, habla sobre todo al hombre, y no solamente al creyente. También el hombre no creyente podrá descubrir en Él la elocuencia de la solidaridad con la suerte humana, como también la armoniosa plenitud de una dedicación desinteresada a la causa del hombre, a la verdad y al amor. La dimensión divina del misterio pascual llega sin embargo a mayor profundidad aún. La cruz colocada sobre el Calvario, donde Cristo tiene su último diálogo con el Padre, emerge del núcleo mismo de aquel amor, del que el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, ha sido gratificado según el eterno designio divino. Dios, tal como Cristo ha revelado, no permanece solamente en estrecha vinculación con el mundo, en cuanto Creador y fuente última de la existencia. Él es además Padre: con el hombre, llamado por Él a la existencia en el mundo visible, está unido por un vínculo más profundo aún que el de Creador. Es el amor, que no sólo crea el bien, sino que hace participar en la vida misma de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En efecto el que ama desea darse a sí mismo.

dia14

La Cruz de Cristo sobre el Calvario surge en el camino de aquel admirabile commercium, de aquel admirable comunicarse de Dios al hombre en el que está contenida a su vez la llamada dirigida al hombre, a fin de que, donándose a sí mismo a Dios y donando consigo mismo todo el mundo visible, participe en la vida divina, y para que como hijo adoptivo se haga partícipe de la verdad y del amor que está en Dios y proviene de Dios. Justamente en el camino de la elección eterna del hombre a la dignidad de hijo adoptivo de Dios, se alza en la historia la Cruz de Cristo, Hijo unigénito que, en cuanto «luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero», ha venido para dar el testimonio último de la admirable alianza de Dios con la humanidad, de Dios con el hombre, con todo hombre. Esta alianza tan antigua como el hombre —se remonta al misterio mismo de la creación— restablecida posteriormente en varias ocasiones con un único pueblo elegido, es asimismo la alianza nueva y definitiva, establecida allí, en el Calvario, y no limitada ya a un único pueblo, a Israel, sino abierta a todos y cada uno.

¿Qué nos está diciendo pues la cruz de Cristo, que es en cierto sentido la última palabra de su mensaje y de su misión mesiánica? Y sin embargo ésta no es aún la última palabra del Dios de la alianza: esa palabra será pronunciada en aquella alborada, cuando las mujeres primero y los Apóstoles después, venidos al sepulcro de Cristo crucificado, verán la tumba vacía y proclamarán por vez primera: «Ha resucitado». Ellos lo repetirán a los otros y serán testigos de Cristo resucitado. No obstante, también en esta glorificación del hijo de Dios sigue estando presente la cruz, la cual —a través de todo el testimonio mesiánico del Hombre-Hijo— que sufrió en ella la muerte, habla y no cesa nunca de decir que Dios-Padre, que es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre, ya que « tanto amó al mundo —por tanto al hombre en el mundo— que le dio a su Hijo unigénito, para que quien crea en él no muera, sino que tenga la vida eterna». Creer en el Hijo crucificado significa «ver al Padre», significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo están metidos. Creer en ese amor significa creer en la misericordia. En efecto, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle «perecer en la gehena».

AMIGOS DE LA CRUZ de San Luis María Grignon de Montfort

"¡Ánimo! –gritan– "¡Ánimo! Si Dios está por nosotros, en nosotros y avanza delante de nosotros, ¿quién puede estar en contra nuestra? (ver Rm 8,31). Quien pertenece a los nuestros es más poderoso que quien sigue lo mundano. Un criado no es más que su señor (Jn 13,16; 15,20). Una momentánea y ligera tribulación produce un peso eterno de gloria (2Cor 4,17). El número de los elegidos es menor de lo que pensamos (Mt 20,26); Lc 13,23.24). Solamente los valientes y esforzados arrebatan el cielo (Mt 11,12). Un atleta no recibe el premio, si no compite conforme al reglamento (2Tm 2,5). ¡Luchemos, pues, con valentía! ¡Corramos a toda prisa para alcanzar la meta y ganar la corona" (1Cor 5,24-25).

Estas son algunas de las ardorosas palabras con que se animan unos a otros los Amigos de la Cruz!

10. En cambio, los amigos de lo mundano, gritan sin descanso para animarse a perseverar en su malicia sin escrúpulos: "¡Buena paz, paz, paz! (Jr 6,14; 8,11). ¡Alegría, alegría! (Is 22,12; Mt 24,27-39). ¡Cantemos, bailemos, divirtámonos! Dios es bondadoso y no nos creó para la condenación ni prohíbe divertirnos! No nos vamos a condenar por esto. ¡Fuera escrúpulos! ¡No morirán!, etc." (Gn 3,4).

11. Recuerden, queridos asociados, que el buen Jesús les está mirando, y le dice a cada uno en particular: "Miren: casi todos me abandonan en el camino real de la Cruz. Los idólatras, enceguecidos, se burlan de mi Cruz como de una locura; los judíos, en su obstinación, se escandalizan de ella (1Cor 1,23), como objeto horrorizante; los herejes la destrozan y derriban como cosa despreciable.

"Más aún –y esto lo digo con lágrimas en los ojos y el corazón traspasado de dolor– mis propios hijos, criados a mis pechos y formados en mi escuela, mis propios miembros vivificados por mi Espíritu, me han abandonado y despreciado, convirtiéndose en enemigos de mi Cruz (Is 1,2; Flp 3,18). ¿Acaso ustedes también quieren dejarme (Jn 6,68), huyendo de mi Cruz, como los mundanos que en esto son otros tantos anticristos? (Ya han venido varios anticristos [1Jn 2,18]). ¿Quieren también ustedes conformarse a la corriente del mundo en que vivimos (Rm 12,2) y menospreciar la pobreza de mi Cruz, para correr en pos de las riquezas? ¿Quieren esquivar los dolores de mi Cruz para correr detrás de los placeres? ¿Odian las humillaciones de la Cruz para irse detrás de los honores?

"Aparentemente tengo muchos amigos que declaran amarme, pero que en el fondo me aborrecen, porque no aman mi Cruz. Tengo muchos amigos de mi mesa, pero muy pocos de mi Cruz" (Imitación de Cristo, II, c 2, n 1).

12. Ante llamada tan cariñosa de Jesucristo, superémonos a nosotros mismos. No nos dejemos arrastrar por nuestros sentidos, como Eva (Gn 3,6). Miremos sólo a Jesús crucificado, autor y consumador de nuestra fe (Heb 12,2). Huyamos de la corrupción de las concupiscencias del mundo depravado (2Pe 1,4). Amemos a Jesucristo como él se lo merece, es decir, llevando en su seguimiento toda clase de cruces. Meditemos detenidamente estas admirables palabras de nuestro amable Maestro encierran toda la perfección de la vida cristiana: “Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga”. (Mt 16, 24)

REFLEXIÓN BÍBLICA

Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros. Nadie ha visto jamás a Dios; si nosotros nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección. (1Jn 4,9-12)

ORACIONES

#50j. Acto de Caridad

Dios mío, te amo con todo el corazón sobre todas las cosas, porque eres infinitamente bueno y nuestra eterna felicidad: por amor a ti amo a mi prójimo como a mí mismo, y perdono las ofensas recibidas. Señor, haz que yo te ame cada vez más.

Última actualización el Domingo 07 de Marzo de 2010 13:27
 

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...animo [... ] sus esfuerzos por promover una catequesis efectiva en los hogares - S.S. Juan Pablo II
Rezando por el éxito de su vital apostolado. - CardenalJoseph Ratzinger (S.S. Benedicto XVI)
Rezo para que todos los padres se unan al Apostolado para la Consagración de la Familia. - Madre Teresa de Calcuta
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